«Entrando Jesús de un modo tan humilde, reprochó a los Apóstoles en algunas palabras la disputa que se había suscitado entre ellos. Les dijo, entre otras cosas, que Él mismo era su servidor; que debían sentarse para que les lavara los pies. Jesús iba del uno al otro y les echaba sobre los pies agua del baño que llevaba Juan; cogía la extremidad de la toalla que lo ceñía y los limpiaba».
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“La Dolorosa Pasión de Nuestro Señor Jesucristo»
Sor Ana Catalina Emmerich
Clásicos Católicos de El Templario Editorial
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